El Tabaco - Artículos Historia


Publicado en revista de Historia
Escrito en diciembre de 2008
 
El tabaco: la tentación imparable
 
Originario de América, el descubrimiento del tabaco por parte de los europeos sucede en una época propicia. De la Edad Media se heredan las supersticiones, del Renacimiento, la curiosidad por experiencias novedosas. Y lo exótico, lo indiano, la seducción de lo inesperado, se concretiza en esta hierba cuyo éxito será inmenso.
 
Usada sucesivamente como planta ornamental, como remedio o por simple placer, en menos de dos centurias, el uso del tabaco se propaga por todo el mundo. Incluso los gobiernos se dejarán seducir por la hermosa solanácea cuando le descubren una nueva virtud: los beneficios que reporta su tasación. Entre prohibición y lucro, el tabaco continuará –hasta hoy en día- su imparable expansión.
 
Descubrimiento y condena
“Muchas gentes que atravesaban sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en las manos, hierbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban”, anota Cristóbal Colón en su diario refiriéndose a Cuba. Al poco de desembarcar en la isla, el Almirante manda a dos de sus acompañantes, Luis de la Torre y Rodrigo de Jerez a explorar el interior de la isla. Allí, les esperan danzas y festejos y experimentan por primera vez los placeres  del tabaco. Una experiencia que Rodrigo de Jerez nunca olvidaría. Convertido en fumador, tras su vuelta a España es encarcelado por la Inquisición, acusado de brujería.  En efecto, la Iglesia considera que sólo el diablo puede dar a un hombre el poder de expulsar humo por la boca.
 
Los primeros cronistas condenan igualmente su uso. Gonzalo Fernández de Oviedo, en su obra Historia general de las Indias publicada en 1535 nos cuenta: “Entre otras costumbres reprobables los indios tienen una que es especialmente nociva y que consiste en la absorción de una cierta clase de humo a lo que llaman “tabaco” para producir un estado de estupor.”
Una imagen pocos años antes descrita por Bartolomé de las Casas en Apologética historia de las Indias: "Tomaban el aliento y humo para sí una y dos y tres y mas vezes hasta que quedaban sin sentido gran espacio o adormidos de un grande y muy pesado sueño (…). Sé que algunos cristianos lo usan, en especial algunos que están tocados por el mal de las bubas, porque dicen los tales que aquel tiempo que están así transportados no sienten los dolores de su enfermedad."
 
Efectivamente, los colonos lo consideran un excelente remedio contra la sífilis y más allá de su uso medicinal, lo integran en sus costumbres. Por su parte, los misioneros también se dejan tentar, con el objetivo de congraciarse con la cultura autóctona.  Paralelamente a la difusión entre los cristianos del Nuevo Mundo, el tabaco llega a Europa.
 
Los europeos lo adoptan
En el Viejo Continente, el hábito del tabaco atañe primero a la población marginal, llegará a las demás capas sociales al descubrir su poder medicinal, pasará después a convertirse en consumo de placer y al final, en adicción masiva. Será entonces cuando los gobiernos decidirán intervenir para erradicar su uso. Pero vayamos por partes…
 
A partir de 1542 llega el tabaco a Europa, vía España. Considerada planta ornamental, únicamente los marineros (y los habitantes de los barrios portuarios) lo adoptan y difunden a lo largo de sus viajes por los puertos de los cinco continentes. Consumen tabaco de humo o mascado, elaborado con hojas de tabaco desecadas anárquicamente. Su olor y desagradable sabor explican seguramente su escasa acogida entre la población general. Hasta que  en 1571 se descubren las maravillosas virtudes medicinales.
 
Tal hallazgo se debe al médico sevillano Nicolás Monarde. En su tratado Historia medicinal de las cosas que se traen de las Indias Occidentales y que sirven al uso de la medicina, el galeno expone las excelencias de la planta americana. Desde piedras del riñón, lombrices, mal aliento, mordeduras, heridas, hasta asma, jaquecas, dolores de parto, el tabaco cura un sinfín de males.
Con tales poderes, resulta imposible que las clases altas no se dejen seducir por lo nuevos aires tabaqueros.
 
Medicina, placer, moda
Jean Nicot es un personaje clave en la difusión del tabaco en Europa. Embajador francés en Lisboa en 1560, presenta la planta en la corte gala a Catalina de Médicis y logra curar sus constantes jaquecas. En honor a Nicot la planta recibe el nombre de ‘Nicotiana tabacum’; sólo en el siglo XIX, ‘nicotina’ vendrá a designar el principio activo de la droga. Mientras, la soberana se ha convertido en ferviente consumidora del exótico remedio. Los cortesanos siguen el ejemplo de la reina y los nobles imitan a los cortesanos, a su vez, emulados por los burgueses.
 
A principios del siglo XVII, el rapé, (tabaco en polvo inhalado, mezclado generalmente con hierbas de olor y otras sustancias) se convierte en una moda y no sólo en un remedio medicinal. Sganarelle, criado fiel en la obra Don Juan de Moliere refleja a la perfección –no sin cierta ironía- la nueva costumbre implantada en el país galo:
“Diga lo que diga Aristóteles, y toda la Filosofía, nada es igual que el tabaco, es la pasión de la gente honesta; y quien vive sin tabaco, no es digno de vivir: no sólo alegra y purga los cerebros humanos, sino que instruye las almas en la virtud y se aprende con él a ser un hombre honesto”.
 
De hecho, Luis XIII, el rey Justo,  es consumidor ocasional de rapé que mezcla él mismo con ralladura de marfil. La preparación del rapé se convierte en un ejercicio de estilo y el estornudo en un arte… ¡no siempre acertado!
 
Así parece reflejarlo por su parte Lope de Vega en Amar, servir, esperar  cuando Andrés, uno de los personajes, declara: "Tabaco de ingenios es, que los hace estornudar, treinta toman humo para hablar y es todo viento después”. Tirso de Molina se hace también eco de la nueva moda. En La villana de Vallecas, el mesonero detalla a D. Pedro, recién llegado de México, el menú de la cena, asegurando que para concluir sacará  “un tubano de tabaco para echar la bendición”. Y mientras los poetas lo alaban, la flamante hierba ha continuado su expansión.
 
Enemiga de España en ese momento, Inglaterra conoce el tabaco desde la segunda mitad del siglo XVI gracias a los saqueos constantes de las colonias españolas. Sin embargo, su verdadera introducción se debe a uno de los protegidos de la corte. Amante de Isabel I (la Reina Virgen), corsario, aventurero, Sir Walter Raleigh funda la colonia de Virginia en América del Norte en 1584, desde donde exporta tabaco a la metrópoli.
 
Él mismo fumador empedernido, defiende las cualidades curativas de la planta ante su soberana. Finalmente, tras múltiples avatares, Raleigh cae en desgracia y es decapitado; no obstante, como última gracia pide aspirar tabaco por última vez. Entretanto, por todo el país, el consumo tabaquero se ha disparado, convirtiéndose en elemento indispensable de todo buen inglés. En 1618, son ya más de 7.000 los Tabacco Clubs en Londres y su comarca, lugares en los que se fuma, se charla y se intercambian opiniones políticas. En cuanto al modo de consumo, el tabaco de humo (en refinadas pipas) da paso al rapé, moda proveniente de Francia, a finales del siglo XVIII.
 
Tabaco de humo, polvo o rapé, los eclesiásticos consumen las tres modalidades. Introducido en el Vaticano por el nuncio apostólico Santa Croce en el año 1585, los monjes comienzan a cultivar la planta en sus huertos para la preparación de remedios médicos. De la medicina al placer hay sólo un paso. Y tal es el éxito –o vicio- que no resulta infrecuente ver en las iglesias a los curas desaparecer para fumar o inhalar a escondidas. Un uso tal vez excusable, ya que según el fraile franciscano Fra Giuseppe da Convertino, el tabaco libra a los religiosos de la tentación de la carne.
 
En poco tiempo, en Europa, en Rusia o en Asia, la costumbre tabaquera gana tantos adictos que los gobiernos se ven en la obligación de intervenir para detener –a veces de manera brutal- su consumo.
 
El poder del tabaco
Condenados a la pena capital en algunas regiones alemanas, en China, Rusia o en el Imperio Otomano, excomulgados por el Vaticano, sólo a principio del siglo XVII los fumadores encontrarán alivio. ¿A qué se debe el brusco cambio de actitud? Simplemente, los dirigentes han hallado una nueva virtud al tabaco: el dinero. Gravar un producto tan fuertemente implantado puede reportar pingües beneficios a la Hacienda Pública.
 
Se estrena entonces una nueva fase, la represión da paso a la recaudación. Tras haber instaurado varios impuestos, España será la primera potencia en crear un monopolio en 1636. Le seguirán Portugal, Austria o Francia en 1674 y otros países.
 
En apenas dos siglos, el tabaco se ha expandido urbi et orbi, aglutinando a todas las capas de la población. No hay en los anales de la humanidad una costumbre que se disemine tan amplia y rápidamente. Placer divino, adicción endemoniada, comercio imparable, lo cierto es que los cinco continentes se ha visto arrastrados por los encantos del tabaco. 

El tabaco: la tentación imparable – parte II
 
Un mismo producto, mil  modos de consumirlo
Pipa, rapé, polvo, humo, según la época, el lugar o la procedencia social, el tabaco se ha consumido bajo diferentes formas.
 
La pipa es el modo de consumo habitual de los indios, así como de los primeros marineros europeos. También los ingleses usaban finas pipas al principio.
 
El rapé, inhalado por la nariz, es tabaco picado muy fino, mezclado en general con especias y a veces, otras sustancia. Surgida en Francia, la moda se extiende a Inglaterra y Europa y, tras las guerras napoleónicas, a España.
 
El polvo es la forma más difundida entre las clases altas en España y el clero. Como el rapé, se trata también de tabaco picado, pero difiere en su modo de preparación.
 
El tabaco de humo pertenece a clases bajas. Puede adquirir distintas formas: picadura, cigarros, papelotes, papeletas, tabaquitos, todos ellos antecedentes del cigarrillo que acabará imponiéndose a mitad del siglo XIX, sobre todo tras el invento de los fósforos (1827) y de la máquina de fabricación de cigarrillos en serie (1880)
 
 
España y el tabaco
Para bien o para mal, España tiene un papel de primer orden en la historia del tabaco. Descubierto por Colón, importado a Europa por los navegantes españoles, Sevilla es la sede de la primera fábrica del ramo y España será el primer país en instaurar un monopolio.
 
En 1616 impone los primeros aranceles a la importación; en 1620 se funda la Real Fábrica de Tabaco en Sevilla, único lugar de manufacturación del producto. En 1636, las Cortes deciden que la Hacienda se hará cargo de la venta de labores de tabaco en régimen de  monopolio. Aunque provechoso para las arcas del Estado, el monopolio conlleva una seria contrapartida: el contrabando. Comenzará  entonces toda una batería de medidas, a cuál más severa, contra los infractores. En 1719 se castigará a los defraudares con diez años de presidio cerrado en África y una multa de 2.000 ducados si se trata de nobles o con diez años de galeras y 200 azotes para los no nobles. Con el tabaco, no se bromea…
 
 
El tabaco: sagrado para unos, diabólicos para otros
El tabaco es una de las primeras plantas no conocidas en el Viejo Continente que encuentran los navegantes españoles a su llegada a América. Común a todos los pueblos americanos de norte a sur, los indios la consideran una hierba sagrada. Mediante su uso, en pipa, cigarro, sahumerios o mascado, los sacerdotes se comunican con los dioses.
 
Los europeos en cambio, asociarán el uso del tabaco con prácticas de hechicería, máxime cuando el vínculo se establece con otros dioses (¡y no el cristiano!). Además, expulsar humo por la boca es propio de Satanás. Pero de nada servirán las condenas ya que una vez descubierto, la extensión del tabaco será imparable en Europa y en el mundo entero.
 
 
Bibliografía:
José Manuel Rodríguez Gordillo, Un archivo para la historia del tabaco, Ed. Torreángulo, Madrid, 1977
Molière, Dom Juan, Hachette, Paris,1986
Antonio Escohotado, Historia de las drogas, tomo I, Alianza Editorial, 1989
Javier López Linage, Una historia del tabaco en España, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Agencia Nacional de Tabaco, 1990
Conte Egon Caesar Corti, A history of smoking, Bracken Books, Londres, 1996
Reynaldo González, El bello habano, biografía íntima del tabaco, Ed. Ikusager, Vitoria, 1998
José Manuel Rodríguez Gordillo, La difusión del tabaco en España, Universidad de Sevilla, 2002
Lope de Vega, Amar, servir, esperar, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2005
Cristóbal Colón, Los cuatro viajes de Cristóbal Colón, Relación compendiada por Fray Bartolomé de las Casas,  Espasa, 2006

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