d'Artagnan - Artículos Historia


Publicado en la revista National Geographic Historia
Escrito en enero 2011
 
D’Artagnan, mosquetero de verdad, héroe de mentira
 
Sí, el celebérrimo mosquetero D’Artagnan existió, pero no estuvo al servicio de Luis XIII, como cuenta Alexandre Dumas en Los tres mosqueteros, sino que combatió al lado de Luis XIV y de su terrible primer ministro Mazarino. En un momento en que Francia asentaba su poder en Europa, el valiente y leal guerrero fue hombre de confianza, combatió en numerosas batallas y murió en acto de servicio. Pero, ¿merecía realmente el personaje real tanta leyenda?
 
Charles de Batz-Castelmore, su verdadero nombre, nació en el castillo de Castelmore, cerca de Lupiac, al oeste de Toulouse, entre 1611 y 1615. Su familia, de origen plebeyo, fue adquiriendo con el tiempo propiedades y algún título de nobleza, siguiendo una práctica frecuente en la época. Y también resulta en gran medida característica del momento la trayectoria del futuro d’Artagnan.
 
Los mosqueteros, a caballo entre dos épocas
En Francia, durante la primera mitad del siglo XVII, a medio camino entre el desorden de las guerras de religión y la reorganización administrativa y militar del estado moderno, surgieron en diferentes rincones del país, combativos guerreros con sed de fama y gloria.
 
De hecho, bajo el reino de Luis XIII muchos nobles rurales subían a París con la esperanza de servir al rey y convertirse en mosqueteros, un cuerpo creado por Enrique IV y consolidado en la época de Luis XIV y de su mentor el cardenal Mazarino, momento en que nuestro héroe entra en escena.
 
Todo por Mazarino
Frente alta, mirada maliciosa, nariz aguileña, boca pequeña y bien dibujada, bigote en forma de coma que le da un aire risueño, abierto, simpático”, así describe el historiador J-C Petitfils a nuestro mosquetero, basándose en el único retrato que se conoce de él. De esta guisa debió presentarse al llegar a París en 1630. Tres años después, según consta en un documento oficial, desfiló junto a los mosqueteros en Ecouen (fue seguramente cuando adoptó el apellido materno con más lustre que el paterno). Sin embargo, se desconoce cualquier dato biográfico hasta 1646, momento en que entró al servicio de Mazarino, el odiado primer ministro de Francia y verdadero amo del país. Éste, al igual que su antecesor Richelieu creó para su guardia personal una compañía, en este caso de “gentileshombres ordinarios”, a la vez que disolvía la compañía de los  Mosqueteros del Rey, alegando que representaban una “carga considerable” para las finanzas del Estado.
 
En cualquier caso, Charles se convirtió rápidamente en hombre de confianza de su Eminencia, informándole de movimientos de tropas enemigas (españoles esencialmente) y llevando a cabo misiones secretas. Con toda certeza, el cardenal debió apreciar sobremanera la fidelidad de d’Artagnan, durante La Fronde, un movimiento de sedición que opusieron varios nobles y parlamentarios al poder real y sobre todo a Mazarino. “Le ruego que diga a Artagnan que venga a verme y que tome todas su precauciones para que no le ocurra nada”, comunicaba el premier en un momento de apuro a Basile Fouquet, uno de sus  intermediarios en París. El valeroso emisario se encargó entonces de llevar mensajes y directrices a los distintos gobernadores de las provincias, con vistas a apagar el fuego de la rebelión. La paz definitiva, tanto dentro como fuera de las fronteras, llegó en 1659, cuando Mazarino y el ministro español Luis de Haro firmaron el tratado de los Pirineos, poniendo fin a las hostilidades entre las dos potencias cristianas.
 
Entre tanto, el incipiente Rey Sol, deseoso de recuperar el boato de los prestigiosos combatientes, reconstituyó en 1657 la compañía real de mosqueteros, que ahora iban lujosamente vestidos con “casacas de paño azul, bordado de una trenza de plata que formaba en el pecho y la espalda dos cruces… parecidas a las de los caballeros de Malta”, contaba  maravillado el italiano Sebastián Locatelli en su Viaje a Francia.
 
En 1661, el cardenal moría y D’Artagnan pasó a servir al rey que le nombró subteniente de la primera compañía (aunque en realidad, cumplía las funciones de teniente capitán). De todas las misiones que llevó a cabo en su nuevo puesto, dos pusieron de relieve el carácter disciplinado, humano y valiente del famoso mosquetero: el arresto y custodia de Fouquet, y la toma de Maastricht, que le conducirá por cierto a la muerte.
 
D’Artagnan, el carcelero
En gran medida desorientado por las nuevas responsabilidades que debía asumir tras el fallecimiento de su tutor Mazarino, Luis XIV necesitaba deshacerse de competidores molestos y rodearse de hombres de máxima confianza. Así, en septiembre de 1661 decidió detener a Nicolas Fouquet, el poderoso ministro de Finanzas, capaz de bloquear las cuentas del reino y de hacerle sombra. En un documento entregado al fiel mosquetero, el monarca detallaba que “Su Majestad… ha ordenado y ordena al señor d’Artagnan, subteniente de la compañía de mosqueteros del rey a caballo, arrestar… al señor Fouquet”.
 
Cumplidas las órdenes, el prisionero fue llevado a la fortaleza de Angers, donde el gascón se encargó de “comprar algo de vajilla… y algunos muebles que les serán de gran utilidad”, según le relata a Colbert, al mando del Tesoro. A su vez, el escribano Foucault cuenta en sus Memorias cómo la Corte  apreció “la extraordinaria labor del señor d’Artagnan, que dispensaba a su prisionero los mejores tratamientos”. Fue tal vez la razón por la cual la tarea de carcelero se prolongó durante tres años más, hasta finales de 1664 cuando la justicia condenó al Fouquet a arresto domiciliario perpetuo. El  subteniente condujo al reo a su último domicilio ganándose el aplauso definitivo de muchos cortesanos y en particular de madame Sevigné que compararía años más tarde un oficial a “un pequeño d’Artagnan, que es fiel al rey y humano con todos aquellos que debe custodiar”.
 
Ciertamente, no todo son rosas y en otros momentos se mostró más arrogante y autoritario, como cuando fue nombrado gobernador provisional de la ciudad de Lille en 1672 y se quejó reiteradamente ante Saint-Germain (sede de la Corte) del incumplimiento de órdenes suyas por parte de quienes considera sus subordinados, entre ellos, el gran ingeniero Vauban. Su carácter excesivo en los asuntos humanos significaba por otro lado arrojo en el campo de batalla, lo cual, puede llevar a desenlaces a veces fatales.
 
 
La lucha final
En la primavera de 1673, Luis XIV y la mayor parte de las tropas, que comenzaban a hacer temblar Europa, rodearon Maastricht, ciudad estratégica, en mano de los holandeses. Para la ocasión, “todo reposaba sobre el señor d’Artagnan”, contaba el conde Quarré d’Aligny en sus Memorias, “nuestro comandante tan conocido y estimado por todos”. Los franceses ganaron terreno, pero una contraofensiva holandesa les tomó por sorpresa.
 
“D’Artagnan no es uno de esos hombres inútilmente valientes que buscan una muerte ridícula para que se diga de ellos que no han retrocedido un paso”, escribía Dumas, en el capítulo que relata el sitio de La Rochelle. Y sin embargo, así fue en la realidad. Aunque consideraba la operación arriesgada, nuestro mosquetero se lanzó exponiéndose al fuego enemigo. El resultado fue desastroso: más de cien muertos, centenares de heridos y la víctima más sentida, D’Artagnan que “murió de una bala en la cabeza”, relataba Lord Alington, presente en la batalla. El valiente gascón murió, pero sólo para renacer poco después en la ficción.
 
Una gloriosa vida póstuma
En 1700 Courtilz de Sandras, antiguo mosquetero convertido en escritor polémico que pasó una larga temporada encarcelado en la Bastilla, publicó las Memorias del señor d’Artagnan. Autor prolífico, sus obras conocieron cierto éxito, cayeron después en el olvido hasta que un día, de casualidad, Alexandre Dumas descubrió en la Biblioteca Real un ejemplar de las Memorias. “Me las llevé a casa… y las devoré”, aseguraba en el prefacio de Los Tres Mosqueteros el famoso novelista. Así, nació la leyenda.
 
En la novela –escrita con la inestimable colaboración de Auguste Maquet, que aportó documentación y el primer guión de la historia- d’Artagnan sirve al rey de Francia Luis XIII, y se pone al servicio de la reina en el episodio del collar de diamantes que ésta regaló indebidamente a su amante inglés. La trepidante acción nos lleva por distintos rincones de Francia, cruza el canal de la Mancha, mezcla distintas clases sociales (desde taberneros hasta nobles), intrigas palaciegas, acciones de guerra, y trampas de la misteriosa Milady. Fogosos, vitales y siempre al borde de la quiebra, los mosqueteros buscaban la presencia femenina por distintos motivos: “Porthos, que era mi mejor amigo”, cuenta en primera persona el d’Artagnan de Coutilz de Sandras, “tenía una amante más o menos como la mía, es decir, joven, guapa, bien hecha, y que le daba dinero”. En realidad, del verdadero Charles de Batz se desconoce todo de su vida amorosa, salvo su matrimonio en 1659 con Anne-Charlotte Chrestienne de Chanlecy, tuvieron dos hijos antes de su separación definitiva.
 
Dumas no pretendía crear una novela histórica y el hecho de situar la acción durante el reino de Luis XIII tenía varias ventajas, permitiéndole, por ejemplo, recrear las desavenencias del rey con su esposa Ana de Austria o resaltar las ambigüedades de la pareja formada por el monarca y su primer ministro, como lo ilustra de nuevo Courtilz en la Memorias, al relatar que “no hay día en que el Cardenal no alabe la valentía de sus guardias, y que el rey no intente rebajarla, porque veía que Su Eminencia pretendía elevar a su compañía por encima de la de él”. Otro ingrediente que marcó sin lugar a dudas el éxito del cuento de Dumas fue su protagonista. D’Artagnan representa en pleno esplendor al caballero francés: temerario, vanidoso, derrochador, apasionado, generoso y leal. Una mezcla de cualidades que lograron encandilar a un amplio público, incluido el femenino. El éxito de la novela fue tal, que para completar las andanzas del famoso gascón, su autor  tuvo que escribir al poco tiempo Veinte años después (1845) y el Vizconde de Bragelonne (1848-1850). Traducida a casi todos los idiomas, d’Artagnan dio el salto a la pantalla con múltiples adaptaciones cinematográficas. 
 
Pero, volviendo al mundo real, al margen de la leyenda creada por Courtilz, Dumas y otros guionistas, d’Artagnan jugó un papel determinante en la época. Desde su Gascuña natal ascendió hasta la corte, consiguió el máximo título de  teniente capitán de la primera compañía de los Grandes Mosqueteros a caballo de la guardia del Rey. El antiguo cadete supo inculcar orden, disciplina y rigor a unos soldados que Su Majestad usaba como combatientes de elite en la batalla y figurantes de lujo en los desfiles. Los mosqueteros se convirtieron en una suerte de escuela de oficiales, envidiada por otros países europeos, y frecuentada por los gentileshombres más destacados del reino. Hasta tal punto debían deslumbrar que el ministro Luis de Haro exclamó al verlos aparecer en San Juan de Luz: “Si Dios bajase a la tierra, escogería con certeza estos guardias”.
 
Por lo tanto, no es de extrañar que la desaparición de d’Artagnan supusiera un duro golpe. Apesadumbrado, el Rey Sol escribía a la reina: “Señora, he perdido a d’Artagnan, en quien mantenía la máxima confianza y que me era de gran ayuda en todo”.
 
 
 
 
DESPIECES
 
¿Y los tres mosqueteros?
En 1864, en una gaceta literaria, Alexandre Dumas confesaba que tanto Athos, Porthos y Aramis “fueron simplemente bastardos de mi imaginación”. Pero como buen novelista, Dumas ocultaba la verdad. Los tres personajes ya aparecían en el libro de Courtilz de Sandras, que se inspiró en personajes reales, porque efectivamente, los tres -oriundos de la región de Béarn- existieron. Athos, es el nombre de un pequeño pueblo donde nació entre 1615 y 1620 Armand de Silliège d’Athos d’Autevielle, en el seno de una familia de comerciantes que consiguió el título de “monseñor”. Mosquetero de la guardia del rey, Armand murió en 1643 en París. Porthos, en realidad, Isaac de Portau provenía de una familia de la nobleza protestante. Hacia 1650, se retiró de la carrera militar, probablemente por heridas de guerra. En cuanto a Aramis –o mejor dicho, Henri d’Aramitz- nació alrededor de 1620 y entró en la compañía de los mosqueteros hacia 1641donde permanece diez años antes de volver a su tierra.
El historiador Jean-Christophe Petitfils considera posible que d’Artagnan haya conocido al famoso trío, pero cree  inverosímil que hayan vivido aventuras juntos.
 
Un prestigioso cuerpo
La historia del cuerpo de mosqueteros se remonta a 1600 cuando Enrique IV creó para su guardia personal una compañía compuesta por gentileshombres armados con carabinas ligeras, que Luis XIII reemplazó por mosquetes, una sofisticada arma de fuego. Los soldados pasaron entonces a llamarse  “mosqueteros de la casa militar del rey”.
 
Los capitanes Jean de Montalet y su sucesor, mostraban una clara preferencia por los señores procedentes de Gascuña y de Béarn (al sur de Francia), de fama temible. “Ojo de águila, pierna de cigüeña, bigote de gato, diente de lobo, peleándose con la canalla que gruñe… borrachos de gloria”, de esta manera dibujaba a su gente el orgulloso Cyrano en la obra de Edmond Rostand. Los valerosos luchadores impresionaron tanto al primer ministro Richelieu, que éste creó para su custodia personal un cuerpo de guardias, en constante rivalidad con los mosqueteros del rey.  El 4 diciembre de 1642 el cardenal Richelieu murió, seguido pocos meses después por el monarca. Y ahí es cuando con su capa y espada d’Artagnan hizo su aparición estelar.
 
 
 
Cronología
Ø      Entre 1611 y 1615: Nacimiento de d’Artagnan, Charles de Batz-Castelmore, en realidad,  en el castillo de Castelmore, cerca de Lupiac, en el sur de Francia.
Ø      1633: Posible fecha de incorporación de d’Artagnan en los mosqueteros. Su nombre figura entre los mosqueteros presentes en el desfile de Ecouen el 10 de marzo de 1633.
Ø      1646: Entrada al servicio de Mazarino; forma parte de su guardia personal, lo cual marca el inicio real de la carrera de d’Artagnan.
Ø      1659: Tratado de los Pirineos. Sella la paz entre España y Francia.
Ø      9 de marzo de 1661: Muerte de Mazarino.
Ø      5 de septiembre de 1661: d’Artagnan recibe la orden de arrestar a Fouquet, poderoso ministro del Tesoro.
Ø      Abril de 1672: es nombrado gobernador interino de Lille.
Ø      Mayo de 1673: Asedio de Maastricht por parte de Luis XIV y gran parte de su ejército.
Ø      25 de junio de 1673: Muerte de d’Artagnan en Maastricht.
Ø      1700: Gatien de Courtilz de Sandras publica las Memorias del señor d’Artagnan.
Ø      1844: Alexandre Dumas publica Los Tres Mosqueteros.
 
 
 
Bibliografía:
-          Alexandre Dumas, Los tres mosqueteros, Alianza Editorial, Biblioteca Juvenil, Madrid, 2007
-          Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac, Ed. Le livre de poche, Librairie Générale Française, Paris, 1983
-          Jean-Christophe Petitfils, Le véritable d’Artagnan, Ed.Tallandier, Paris, 2010
-          Gatien Courtilz de Sandras, Mémoires de monsieur d’Artagnan, Ed. Mercure de France, Paris, 1987
 

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