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Biografía
Desiertos
Desiertos (Francesca G.Prince)

Influencias
 La historia de Desiertos parte de un cuento que escribí en 2009, llamado Perfecta. Después se transformaría en el primer capítulo del libro.
 
La idea era explorar la relación madre-hija; la rivalidad (velada), las dos maneras de enfocar la vida. La madre es un ser vulnerable al paso del tiempo, su visión estética es… estática. De alguna manera, al igual que Dorian Gray, se niega a ver su imagen resquebrajada. Su hija, en cambio, busca, se busca. Por ello se deja influenciar por la madre cuando esta le aconseja una rápida consulta al cirujano. ¿Cómo es una madre que en el fondo no acepta a su hija? Si escarbamos, puede ser que ella misma, Marisa, no se acepta y proyecta en los demás lo que ella misma teme.
 
Otro tema que me interesaba explorar es la el azar, el valor para afrontar el fatum. De alguna manera, Marisa afronta su futuro declinante gracias a la cirugía, una ciencia, un arte, capaz de  convertir el caos en cosmos, en cosmética, en orden y belleza. Pero ¿qué pasa si por culpa de ese mismo bisturí el caos se convierte en más caos? Amaranta quiso arreglar un desperfecto (mediante la liposucción) y se encontró con una mole: la silla de ruedas.
 
Y no hay vuelta atrás; la desgracia, el destino, nos aplastan con todo su peso. Solo queda cambiar nuestra percepción de las cosas, porque la Tierra no va a cambiar su rotación. Claro, la teoría es sencilla, ¡pero qué difícil es aplicarla!
 
 Amaranta pasa por las etapas normales en este tipo de trauma: el rechazo, la negación de lo ocurrido, la cólera, el sentimiento de impotencia, la resignación, la esperanza, la rebeldía, las ganas de morir, el consuelo… No se suceden, se superponen constantemente. Hay que volver a construirse una identidad.
 
Hay casos de animales, perros por ejemplo, que enfurecen cuando se ven frente a un espejo. ¿Cómo se reconocen? ¿Se gustan o se rechazan? Amaranta tiene que aprender a convivir con ese nuevo yo que se ha anidado, sin pedirlo, dentro de ella. Tendrá que ser otra, necesariamente, porque jamás podrá volver a ponerse en pie.