Reúno aquí textos de narrativa, teatro, artículos
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, historia o filosofía aparecidos en
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Desiertos
Desiertos (Francesca G.Prince)

Inspiraciones
Los libros, lugares, personas que me han inspirado.
 
Diálogos con Áxel
José Antonio Fortuny
Ediciones de la tempestad, Barcelona, 2003
 
Esta es una historia –real– de esfuerzo, empeño y tesón vivida por el propio autor. José Antonio, padece atrofia muscular, una enfermedad degenerativa que impide el desarrollo muscular y que conduce al paciente a una progresiva parálisis.
 
Desde muy pequeño observa cómo crece y a la vez, cómo se va deshaciendo, perdiendo capacidades porque su cuerpo, sus músculos no aguantan su estructura. Cuando los demás niños aprenden a caminar, él a duras penas consigue mantenerse en pie. Así transcurren los años. Su deterioro es inevitable, pero con un enorme valor y un sentido del humor a prueba de bomba, consigue escribir su testimonio. Áxel, ese ser oscuro que habita dentro de nosotros, se asoma de vez en cuando. José Antonio se ve obligado a lidiar con él. Tiene que impedir que ese miasma extraña se expanda. Si su cuerpo se deshace, tiene que dejar su mente lo más libre posible. Consigue ser entrenador de baloncesto –su gran pasión– durante varios años.
 
Algunas frases imborrables:
{C}-          “La soledad imperial, en cambio, la que se escribe con letras mayúsculas, presenta un peligro muy grave que amenaza con la aniquilación mental del sujeto”.
 
{C}-          “La confusión, la rabia, la chispa de gracias, la desvergüenza y el desacato en aceptar lo dictaminado como irreversible se amalgamaron dentro de la coctelera de la soledad y dieron como resultado la flecha indicativa por donde debía de seguir”.
 
{C}-          “Nadie me contempló con unos ojos túrgidos de deseo, aunque, enrevesada paradoja, yo tampoco me sentía merecedor de sus atenciones; consideraba justa mi expulsión, plenamente acertada mi omisión; no me gustaba a mí mismo, no me gustaba mi empaque carnal y, en consecuencia, encontraba lógico que tampoco pudiera agradarles a las chicas.”
 
{C}-          “Yo quería ser y sentirme un hombre, enseñar por doquier mis músculos abultados y bronceados, vestirme de galán, y en vez de eso me iba deshilachando hacia un guiñapo de niño que dependía más y más del auxilio de su padre para efectuar las tareas más básicas y elementales”.
 
{C}-          “Presentía que el sueño profético de la silla de ruedas iba adquiriendo cuerpo, empezaba a perfilarse, a tomar forma en el horizonte, amenazando tétricamente con tirar por la borda tantos años y años de esfuerzo, de trabajo duro, de sacrificio”.
 
{C}-           “Mis rodillas ya no me sostenían; renegaron, para siempre, de mi peso. Nunca más volvería a andar. Tenía entonces dieciséis años”.
 
{C}-          “Uno de estos incordios que me parte en dos cada vez que lo contemplo es cuando la parejita en cuestión de coge de la mano. Es un momento muy fuerte, lacerante, en el que todo mi ser se convulsiona de deseo y de palpitante curiosidad”.
 
{C}-          “No creo que exista ningún prototipo de familia ideal para soportar en su seno una hecatombe de estas características sin que en el entramado de las relaciones que se establecen entre sus miembros se resienta gravemente”.
 
{C}-          “Pues sí, señoras y señores, qué le vamos a hacer: a mí se me levanta (…) La enfermedad no me afecta esta zona. Algún fallo tenía que tener. Tengo erecciones”.
 
{C}-          “Se llama necesidad de ser tocado; el amor que aúlla pidiendo que alguien, unos dedos distraídos e inocentes, se posen brevemente sobre tu epidermis inflamada para calmarla y abrevarla. Simplemente eso”.
 
{C}-          “Que alguien me toque, que alguien me toque”.
 
{C}-          “Apenas puedo escribir ya; me cuesta bastante manejar mi única mano algo útil (…).Aún soy capaz de disfrutar, y mucho, con lo que tengo”.
 
{C}-          “Por cierto, ¿cuánto tiempo llevo escribiéndote? Casi cinco años ininterrumpidos, unas seis u ocho horas diarias, de lunes a sábado, para poder conseguir la nada desdeñable cifra de algo más de medio folio al día. Medio folio al día. No está mal, no está mal…”.
 
 
 
Al otro lado de la ventana
Tere Guerra Pino
Autoedición, Zamora, 2004
 
Al otro lado de la ventana es la vida de una joven con parálisis cerebral en una silla de ruedas.
En la novela, María quiere salir adelante, trabajar, integrarse. No es fácil, pero lo intenta y, al final, consigue un puesto en una gestoría. Allí conoce a Pablo, un chico que se interesa por ella. Se van acercando, pese a la oposición de la madre de María que le repite una y  otra vez: “¿Por qué no te alejas de Pablo? No quiero que sufras cuando se canse de ti”. María es consciente de ello, pero quiere vivir esa experiencia porque, como le declara a su madre: “yo también tengo sentimientos”.
 
Por su parte, Pablo tiene un hermano, Luis, que ha quedado prostrado en la cama tras un accidente. Vive en una depresión profunda y solo las visitas de  María conseguirán levantarle el ánimo.
 
Al final, a María la despiden. Ella empieza un carrera de psicología durante cinco años. En ese tiempo, Luis conseguirá salir de su agujero, Pablo se casa y tiene un hijo. María encuentra su realización ejerciendo de orientadora. Consigue gran independencia, incluso “aprendió a moverse sola por toda la ciudad”.
 
Este libro contó con la colaboración de Ramón M. Carnero, un escritor al que Tere hizo llegar su manuscrito tras haber intentado publicarlo. Ramón revisó el texto que finalmente vio la luz gracias a la ayuda financiera aportada por los padres.
 
 
Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo
Llamé y conté que estaba escribiendo una historia cuya protagonista es… una silla de ruedas (con una mujer encima). Recorrí el hospital de la mano de Guillermo, un rehabilitador. Tuve ocasión de conocer al doctor que me aclaró dudas sobre paraplejia (sobre todo, los grados de la misma y las funciones que se pierden y las que se conservan). María Ángeles Pozuelo, la psicóloga, me fue de enorme ayuda. Me estuvo contando casos concretos, impresiones, ideas. Ella ha recogido los testimonios en un libro llamado Afrontando la lesión muscular. También tiene un blog (http://afrontandolesionmedular.blogspot.com/), que alimenta con sus experiencias y proyectos.
 
Gracias a María Ángeles conocí a Elisabeth, una mujer que acabó en silla de ruedas a raíz de un accidente en un vuelo sin motor (su gran pasión, que sigue practicando). Nos hemos visto unas cuantas veces; me ha hablado con sinceridad de su nueva vida, de los cambios, de las alegrías y penas…
 
Al sumergirme en este mundo, he oscilado entre distintos estados de ánimo. A veces me decía a mí misma: “es tremendo. Qué tragedia. Estar paralizado para siempre.  Para SIEMPRE.” En otros momentos, pensaba: “Sí, desde luego es horrible, pero uno consigue sobreponerse, tampoco es para tanto…” “¡¡No!!”, me exclamo a continuación, “sería horrible. Estar así TODOS los días de tu vida.” Además, nadie está a salvo de nada. Un accidente lo puede tener cualquiera.
 
Estoy aquí, puedo escribir esto. Qué suerte. Eso está bien. Muy bien.