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Biografía
Amor (entre paréntesis) (Francesca G.Prince)

Fragmentos
Escena  1
 
(Casa de Lea y Alan.
Lea y Alan están cenando con Rod y Birma; ésta es una pareja reciente que aún no puede contener los calores del deseo.
 
Esta escena tiene que destilar erotismo; al principio poco y discretamente, pero a medida que la escena avanza, los besos y toqueteos entre Rod y Birma serán más frecuentes y atrevidos – dentro del contexto de una cena con amigos-.
 
Alan y Lea se van dando cuenta de este juego entre la pareja invitada, pero de alguna manera, fingen normalidad.
La cena ya está empezada.)
 
 
Lea -      Y entonces, ¿a qué te dedicas?
 
Birma - Soy prostituta de aeropuerto.
 
Lea -      ¿Perdón?
 
Birma - Prostituta de aeropuerto.
 
Alan -    Ah.
 
Lea -      Ah.
 
Alan -    No sabía que...
 
Birma - Sí, existe.
 
Lea -      Claro…
 
Birma - Es una profesión como cualquier otra.
 
Lea -      Desde luego.
 
Rod -     Yo tampoco sabía que existía hasta que la conocí.
 
Lea -      ¿Porque tú...?
 
Rod -     Sí, fui cliente suyo.
 
Birma - Dos veces, incluso.
 
Rod -     Hasta que me enamoré.
 
Birma - Sí. (A Rod.) ¿Me pasas el pan, mi amor?
 
Rod -     Sí.
 
(Rod le pasa el pan; se miran con ternura. Alan y Lea parecen algo violentos; no saben qué decir.)
 
Lea -      E incluso ahora, ¿sigues con...?
 
Birma - ¿Con mi profesión?
 
Lea -      Sí...
 
Birma - Sí, claro. ¿Por qué no?
 
Lea -      No, no, claro.
 
Rod-      Trabaja desde las 12:00 hasta las 20:00 y después, vuelve a casa.
 
Birma - Ocho horas. No más porque es agotador.
 
Lea -      Imagino.
 
Alan -    Vamos, como una jornada normal.
 
Birma - Eso es.
 
Lea -      Realmente...
 
Alan -    Sorprendente.
 
Lea -      Eso es, sorprendente.
 
Rod -     Sí, ¿no? Pues no os podéis imaginar la cantidad de demanda que hay. Hay muchos hombres que viajan solos por cuestión de negocios.
 
Alan -    Como tú.
 
Rod -     O tú.
 
Alan -    Sí, bueno...
 
Rod -     Pues eso; gente que pasa mucho tiempo esperando un vuelo con retraso, una conexión... aburridos, estresados y lejos de casa.
 
Alan -    Claro, claro.
 
Rod -     Yo no me había percatado, hasta que Birma me lo hizo notar.
 
Lea -      Alan viaja muy a menudo.
 
Alan -    ¿Qué quieres decir?
 
Lea -      Nada. Eso.
 
Alan -    No empieces.
 
Lea -      ¡No he dicho nada!
 
Alan -    No, si tú con sólo sugerir, lanzas bombas.
 
Lea -      Únicamente digo que pasas mucho tiempo en el aeropuerto.
 
Alan -    Pues sí.
 
Lea -      Y ¿no sabías que nuestra amiga…?
 
Alan -    Pues no.
 
Birma - Puede ser que te haya dejado algunas de mis tarjetas.
 
Alan -    ¿Tarjeta a mí? Jamás.
 
Lea -      (A Birma.) ¿Cómo tarjetas?
 
Birma - Así es como lo hago. Me fijo en los hombres solos y les dejo mi tarjeta en la mesa; el que quiere, me sigue y el que no, ya está.
 
Lea -      Muy sutil.
 
Birma - Hay que serlo. No soy una puta cualquiera.
 
Lea -      Ya lo creo. (Para cambiar de tema, indicando la fuente.) ¿Alguien quiere más?
 
Alan -    Yo sí; que me he quedado con hambre.
 
Lea -      No me extraña.
 
Rod -     Y vosotros, ¿qué tal?
 
Alan -    Bien.
 
Lea -      (Corrige.) Muy bien.
 
Rod -     (A Alan.) ¿Y el trabajo?
 
Alan -    Sin novedades.
 
(Ruido de cubiertos. Discretamente, Birma y Rod se meten mano; es posible que Lea y Alan se hayan dado cuenta, pero en todo caso, disimulan. De hecho, toda la escena, hasta el final, será un contraste entre lo que ocurre por debajo – toqueteos - y lo que ocurre por encima de la mesa – es decir, la conversación -)
 
Birma - (Por la comida.) Yo también voy a repetir. (A Rod; le pasa el plato.) Tesoro, ¿me sirves un poco más?
 
(Rod le sirve.)
 
Lea -      ¿Te gusta?
 
Birma - Está muy rico.
 
Lea -      Me alegro.
 
Alan -    (De pronto, recapacita.) Bueno, sí, hay una novedad. Me crucé el otro día con San.
 
Rod -     ¿En serio?
 
Lea -      No me lo habías dicho.
 
Alan -    Perdona, se me pasó.
 
Rod -     ¿Dónde te lo encontraste?
 
Alan -    En un semáforo, fíjate qué casualidad.
 
Rod -     Ya ves.
 
Alan -    Se acaba de comprar un BMW.
 
Lea -      Las cosas le van bien.
 
Alan -    Eso parece.
 
Rod -     (A Birma, le explica.) Es un compañero nuestro de facultad.
 
Birma - Ah.
 
Alan -    Pero le teníamos perdida la pista desde hace tiempo.
 
Rod -     Un tipo con las ideas fijas; cuando estábamos en la universidad, siempre lo repetía: “antes de los cuarenta, me compro un BMW.”
 
Alan -    Y así ha sido. Eso, sí, no sé cómo va a pagar la letra.
 
Rod -     Ya, son coches muy caros.
 
Alan -    Sí, pero es que además de eso, tiene que pasarle la pensión a la mujer.
 
Lea -      ¿Se ha divorciado?
 
Alan -    Hace poco. Y ya se sabe lo que cuestan los divorcios.
 
Rod -     ¡A quien se lo vas a contar!
 
Lea -      Qué pena, un divorcio más.
 
Rod -     Bueno, a veces ocurre; a veces incluso viene bien. (Indicando con orgullo a Birma.) Mírame a mí.
 
Lea -      Sí, claro, tú has tenido suerte; pero recuerda cómo estabas al principio.
 
Rod -     ¡Bah! Eso fue hace mucho tiempo.
 
Lea -      Sí, puede ser, pero estabas fatal; venías a vernos aquí todas las noches, casi llorando.
 
Rod -     Bueno...
 
Birma - (A Lea, para pararla en seco en sus comentarios.) Y tú, ¿a qué te dedicas?
 
Lea -      ¿Yo? (Tras un momento de sorpresa.) A mis labores.
 
Alan-     (De alguna manera, disculpándola.) No te creas, llevar una casa, lleva su tiempo.
 
Birma - Imagino.
 
Alan -    Además, ¿no ves que cocina fenomenal?
 
Birma - Eso, desde luego.
 
Lea -      (Algo violenta.) Bueno... no será para tanto...  Lo que pasa es que el mercado de trabajo está muy complicado.
 
Birma - Complicadísimo. Por eso decidí hacerme independiente.
 
Lea -      Es una buena solución... porque incluso para la gente diplomada, hay mucho paro.
 
Birma    ¿Tienes una carrera?
 
Lea -      Sí, claro. Soy licenciada en filología inglesa.
 
Birma - Ah.
 
Lea         Alan y yo nos conocimos en la universidad.
 
Birma - Yo también tengo una carrera.
 
Lea         ¿En serio?
 
Birma - ¿Te sorprende?
 
Lea         No, no. ¿Y qué...?
 
Birma - (Completa, imaginando lo que ella va a preguntar.) Sociología.
 
Alan -    Es muy interesante.
 
Birma - Lo curioso, es que tenía que hacer un trabajo de fin de curso sobre los diferentes tipos de prostitución, su alcance social y cosas de este tipo; al final, decidí experimentar yo misma en vez de escribir sobre ello.
 
Alan -    Sí, es curioso.
 
Lea -      Es lo que se llama, investigación  de campo.
 
Rod -     ¡Y tanto!
 
(La conversación decae de nuevo; aunque no por debajo de la mesa; puede ser también que Birma meta de paso, mano a Alan.)
 
Alan -    (A Rod.) ¿Has visto el partido de ayer?
 
Rod -     ¡Ese árbitro es una vergüenza!
 
Alan -    Bueno, y no sólo el árbitro, hay algunos jugadores en tu equipo...
 
Rod -     ¿Mi equipo? Eso... (Va a seguir con su contestación, pero es interrumpido por Lea.)
 
Lea -      No iréis a hablar de fútbol ahora, ¿no?
 
Alan -    No, no, claro.
 
Rod -     Era por... hablar de algo.
 
(Silencio. Ruido de tenedores. Terminan de comer.)
 
Lea -      ¿Qué tal si tomamos el café en el salón?
 
Alan -    Lo que tú digas.
 
Rod -     Si no os importa, nosotros nos vamos a marchar.
 
Lea -      (Sorprendida.) Ah.
 
Birma - (A Lea.) ¿No te importa?
 
Rod -     Ya sabes, mañana hay que madrugar...
 
Lea -      Es totalmente lógico. Además, sé que las nuevas parejas deben tomar su tiempo para conocerse.
 
Rod -     Bueno...
 
Alan -    (A modo de despedida.) Entonces, nos vemos.
 
Rod -     La próxima vez, nos toca a nosotros.
 
Birma - Mejor les  invitamos a un restaurante; nunca podré llegar al nivel de Lea en la cocina.
 
Lea –     Gracias.
 
Rod -     Quedamos así, pues. Nos llamamos.
 
Birma - Gracias por todo.
 
Lea -      Gracias a vosotros.
 
(Salen. Alan cierra la puerta detrás de ellos.)
 
Lea -      ¿Qué te ha parecido?
 
Alan -    No te puedes esperar un minuto...
 
Lea -      Pues ayúdame a recoger por lo menos.
 
(Recogen la mesa; en silencio, cada uno en sus pensamientos; Lea probablemente, observando las reacciones de él.)
 
 
Escena 3
 
(Dormitorio de Rod y Birma; ella está delante del tocador – frente al público - , desmaquillándose. Rod ya está en pijama.)
 
Birma - Es increíble ver cómo reacciona la gente al saber que tienes una carrera.
 
Rod -     ¿Por qué lo dices?
 
Birma - Porque a Lea le cambió totalmente la cara cuando se lo dije; yo creo incluso que estaba disgustada.
 
Rod -     ¿Por qué iba a estarlo?
 
Birma - Porque hay personas que no les gusta que las cosas te vayan bien.
 
Rod -     No creo.
 
Birma - Sí; se hacen un cuento en su cabeza y no quieren que sea de otra manera. Si hubiera dicho que soy huérfana, que mi padre era alcohólico y que me echaron de casa, hubiera sido mejor.
 
Rod -     No veo por qué.
 
Birma - Porque te pueden mirar con cara de pena, disimuladamente claro, mientras ellos piensan que están por encima.
 
Rod -     No sé…
 
Birma - (Sigue con su reflexión.) Te tratan entonces con condescendencia, pero todo con exquisitas maneras, por supuesto.
 
Rod -     Creo que le das demasiadas vueltas a las cosas.
 
Birma - Puede ser. ¿Estás listo?
 
Rod -     (Casi asustado.) ¿Para qué?
 
Birma - Para lo que te tengo preparado esta noche.
 
(Birma ha terminado; se levanta va hacia él y comienza el juego de caricias.)
 
Rod -     ¡Pero si ya es tarde!
 
Birma - Si lo que te voy a hacer, se puede hacer a cualquier hora.
 
Rod -     Ya, pero... mañana me levanto pronto.
 
Birma - No te preocupes, no te lo voy a impedir.
 
(Se acentúan las carantoñas; Rod va cayendo en las redes.)
 
Rod -     Eres increíble.
 
Birma - Anda que tú.
 
Rod -     Doblas mi voluntad como una goma.
 
Birma - Espero que en cambio, lo otro no se te doble.
 
Rod -     Te puedo asegurar que no.
 
Birma - Eso lo quiero comprobar personalmente.
 
(Se tiran en la cama, mientras se va haciendo el oscuro.)
 
 
 
Escena 5
 
(Casa de Rod.)
 
Rod -     Dime una cosa.
 
Birma - ¿Qué?
 
Rod -     No entiendo qué es lo que te gusta de mí.
 
(Birma sigue sorbiendo su café- o lo que fuere -, lanzándole miradas algo enigmáticas de vez en cuando.)
 
Rod -     (Ante el silencio de ella, sigue.) No soy joven, ni especialmente guapo... (Ella sigue en silencio.) Tengo una buena posición, pero tampoco es para echar cohetes.
 
(Silencio.)
 
Rod -     ¿No me quieres contestar?
 
Birma - Sí, claro. (Toma su tiempo.) Me gustas.
 
Rod -     Ya, pero quiero saber por qué.
 
Birma - Te portas bien conmigo.
 
Rod -     ¿Y eso es todo?
 
Birma - Eso es mucho; no te creas.
 
Rod -     Bueno... (Duda antes de decirlo.) ¿Te han tratado mal antes?
 
Birma - No es exactamente eso, pero, siempre ha faltado algo.
 
Rod -     ¿Algo?
 
Birma - Sí; tal vez... ternura.
 
Rod -     ¿En tu trabajo...?
 
Birma - No estoy hablando de mi trabajo; sé perfectamente distinguir.
 
Rod -     Claro, claro... entonces...
 
Birma - En mis relaciones... creo que no he tenido suerte.
 
Rod -     No lo entiendo... una chica como tú.
 
Birma - Sí, debe ser eso; una chica como yo; la gente se confunde mucho; tal vez piensan que porque eres puta, te tienes que poner a sus pies.
 
Rod -     Eso no está bien.
 
Birma - En cambio, tú me aceptas como soy.
 
(Rod se queda pensativo.)
 
Birma - Gracias.
 
Rod -     ¿Por qué?
 
Birma - Por no hacerme preguntas, por dejarme respirar.
 
Rod -     Sólo faltaba.
 
Birma - Aunque...
 
Rod -     ¿Aunque?
 
Birma - No, nada.
 
Rod -     ¿Cómo que nada? ¿Qué ibas a decir?
 
Birma - No tiene importancia.
 
Rod -     No vale empezar una frase y dejarme así.
 
Birma - Bueno, te lo diré cuando me des un beso.
 
(Le da un beso.)
 
Rod -     Ya está.
 
Birma - Cuando me des dos. (Se los da.) Mejor, cien. Ven aquí.
 
(Birma le atrae hacia sí.)
 
Rod -     (Envuelto en besos, apenas logra hablar.) Me has prometido...
 
Birma - Sí, no seas impaciente.
 
(Comienza a acariciarla; la temperatura erótica sube.)
 
Birma - ¿Y tú?
 
Rod -     ¿Qué?
 
Birma - ¿Qué es lo que te gusta de mí?
 
Rod -     ¿No se nota?
 
Birma - Dímelo.
 
Rod -     Me haces vibrar.
 
Birma - ¿Ah, sí? Pues ven aquí, te vas a enterar.
 
Rod -     Desde que te he conocido, me siento vivo.
 
Birma - He tenido suerte.
 
Rod -     ¡Anda que yo! Creo que te quiero.
 
Birma - Creo que estoy mojada.
 
(Se echan en la cama / sofá / suelo. Oscuro.)
 
 
Escena 8
 
(En un parque. Alan y Birma conversan.)
 
Alan -    Lo único que te pido es que no le digas nada a Lea.
 
Birma - No te preocupes.
 
Alan -    No lo entendería.
 
Birma - Tienes razón.
 
Alan -    ¿Cómo?
 
Birma - Ella no entiende nada.
 
Alan -    ¿Qué quieres decir?
 
Birma - Bueno, tú lo sabes mejor que nadie. Está encerrada en su pequeño mundo seguro y tranquilo.
 
Alan -    Tampoco es eso.
 
Birma - ¿Cuántas veces folláis por semana?
 
Alan -    ¿Por semana?
 
Birma - Bueno, al mes.
 
Alan -    No es esa la cuestión.
 
Birma - O sea que poco.
 
Alan -    Bueno...
 
Birma - Por eso viniste a verme.
 
Alan -    Pues...
 
Birma - No te preocupes, yo te entiendo.
 
Alan -    Lea tiene un problema con el sexo.
 
Birma - ¡No me digas!
 
Alan -    Al principio, cuando nos conocimos, fue la gran pasión; no parábamos. Después la cosa se calmó...
 
Birma - Hasta ahí, nada nuevo.
 
Alan -    Y después, Lea quería un hijo; yo no estaba mucho por la labor, pero ella se empeñaba tanto... Lo intentamos una y otra vez, pero no hubo manera.
 
Birma - Mmm...
 
Alan -    Al final, le diagnosticaron esterilidad.
 
Birma - Eso es duro.
 
Alan -    Para ella, sí. Ni siquiera la inseminación artificial ha funcionado.
 
Birma - Perdona.
 
Alan -    ¿Por qué?
 
Birma - No te tenía que haber dicho lo de antes.
 
Alan -    ¿El qué? ¿Qué Lea está encerrada? Tienes razón. Pero todo esto la ha quemado mucho. Además, cada intento de inseminación son meses de tratamiento hormonal...
 
Birma - Sé que es un proceso muy duro.
 
Alan -    Duro, no, salvaje. Y claro, eso la ha desgastado mucho. ¿No te parece que aparenta mucho más que su edad?
 
Birma - Bueno...
 
Alan -    Sí, ¿no?
 
Birma - ¿Y no habéis pensado en la adopción?
 
Alan -    Lea no quiere ni oír hablar del tema.
 
Birma - ¿Por qué? Hay tantos niños abandonados...
 
Alan -    Lo sé... Pero no es lo mismo.
 
Birma - ¿Eso es lo que dice ella?
 
Alan -    En parte; yo también lo pienso así; un hijo adoptado...
 
Birma - (Completa.) A un hijo adoptado lo quieres igual.
 
Alan -    No sé...
 
Birma - Mira, yo.
 
Alan -    ¿Qué?
 
Birma - Soy adoptada y con mis padres, me entiendo fenomenal.
 
Alan -    ¿Eres hija adoptiva?
 
Birma - Sí.
 
Alan -    Desde luego, eres una caja de sorpresa.
 
Birma - Son cosas que ocurren.
 
Alan -    Sí, pero...
 
Birma - De todos modos, si quieres que te sorprenda con más cosas, nos podemos volver a ver.
 
Alan -    ¿Volvernos a ver?
 
Birma - Sí; en el aeropuerto o en otro lugar.
 
Alan -    No me parece conveniente.
 
Birma - Ya. Sin embargo, habías conservado mi tarjeta.
 
Alan -    Sí, pero ahora todo es distinto... Conoces a mi mujer.
 
Birma - Conozco a muchas mujeres de mis clientes.
 
Alan -    Bueno, pero el caso, es que conoces a la mía. Además, ahora estás con Rod.
 
Birma - Yo no estoy con Rod.
 
Alan -    ¿Lo habéis dejado?
 
Birma - No. Pero si estar con alguien significa pertenecer en exclusiva a esa persona, yo no estoy con nadie.
 
Alan -    No entiendo cómo lo haces... ¿No crees en la fidelidad?
 
Birma - ¿Y tú?
 
Alan -    Fue una vez.
 
Birma - ¿Una vez?
 
Alan -    En serio; la primera y la última.
 
Birma - ¿Y cuál es la diferencia entre ser infiel una vez y ser infiel diez veces, por ejemplo?
 
Alan -    No es lo mismo.
 
Birma - O sí. ¿Acostarse con otra persona es serle infiel?
 
Alan -    ¡Fue sólo una vez!
 
Birma - ¿Y qué tiene que ver?
 
Alan -    Birma, ¡por favor!
 
Birma - La fidelidad no está en el coño.
 
Alan -    ¿Ah no?
 
Birma - Y menos mal.
 
Alan -    (No sabe cómo seguir.) No sé.
 
Birma - Yo no creo en la fidelidad. Creo en el respeto.
 
Alan -    Vale.
 
Birma - Y yo a Rod, le respeto.
 
Alan -    ¿Y le quieres?
 
Birma - Cómo tú a tu mujer.
 
Alan -    ¿O sea?
 
Birma - Tú sabrás.
 
Alan -    Vale. No pregunto más.
 
Birma - (Por el refresco que está  tomando.) ¿Has terminado?
 
Alan -    Casi. ¿Te tienes que marchar?
 
Birma - Debería.
 
Alan -    Y por cierto, no le digas nada tampoco a Rod.
 
Birma - No pensaba decírselo.
 
Alan -    (En el fondo, aliviado.) Gracias.
 
Birma - Cuando estamos juntos, no hablo de mi trabajo.
 
Alan -    Pero esto no es sólo trabajo.
 
Birma - ¿Ah, no?
 
Alan -    (No quiere enredarse de nuevo en una discusión.) Me callo.
 
(Duda unos instantes antes de abordar el tema.)
 
Alan -    Birma...
 
Birma - ¿Sí?
 
Alan -    Las mujeres son complicadas...
 
Birma - (Le sigue la corriente porque no sabe lo que quiere decir.) Sí...
 
Alan -    Con esto de los ciclos, a veces, no hay quien las entienda...
 
Birma - Mh...
 
Alan -    Incluso en la cama. Bueno, sobre todo en la cama. Yo pensé que era un tigre...
 
Birma - (Se ríe.) ¿Un tigre?
 
Alan -    Bueno, es una manera de hablar. En cambio, veo que ahora...
 
Birma - Lea se aburre.
 
Alan -    Creo que sí.
 
Birma - Mh...
 
Alan -    Yo quería saber si tú simplemente me podrías dar alguna indicación... Saber lo que les gusta a las mujeres, lo que le puede gustar a Lea. Vamos que ella es mi mujer... y no me gustaría tener que ir a ver a otras mujeres porque con ella no puedo... ¿sabes lo que te quiero decir?
 
Birma - Perfectamente. ¿Y quieres que te enseñe algún truco?
 
Alan -    Si no te importa.
 
Birma - En absoluto.
 
(Birma permanece voluntariamente en silencio para crear un suspense. Alan oculta apenas su impaciencia.)
 
Alan       (Al final.) ¿Y?
 
Birma - Pásate por mi casa a las 6:00, esta tarde.
 
Alan -    ¿Por tu casa?
 
Birma - ¿No quieres que te enseñe?
 
Alan -    Sí, pero así, oralmente.
 
Birma - Eso es lo que vamos a hacer, práctica oral.
 
Alan -    ¡No! No quería hacer un chiste, quería decir que...
 
Birma - Lo haces por ella, ¿no?
 
Alan -    Sí.
 
Birma - Pues imagínate que es un cursillo práctico y ya está.
 
Alan -    Pero...
 
Birma - A las 6:00. (Se levanta y le tiende una tarjeta.) Aquí tienes la dirección.
 
Alan -    ...
 
Birma - Y gracias por el paseo.
 
Alan -    (Resignado.) De nada.
 
(Ella se marcha. Alan se queda unos instantes mirando la tarjera sin saber qué hacer; al final, se la mete en el bolsillo; se levanta y se marcha en dirección contraria a la de ella.)
 
 
 
Escena 13
 
(Casa de Lea. Ella y Birma están en el salón. Birma está con un papel en la mano tomando nota de algo.)
 
Lea -      ¿Lo has apuntado bien?
 
Birma - Sí.
 
Lea -      Orégano, pimienta, un poco de vinagre...
 
Birma - (Verificando sus notas.) Eso es.
 
Lea -      Y mucho perejil; ahí está la clave. En la revista no lo ponía, pero yo creo que eso es lo que le da el toque de verdad.
 
Birma - Sí, sale rico.
 
Lea -      Y es fácil de hacer.
 
Birma - Y tanto, ¡se hace solo! No sabes cuanto te lo agradezco.
 
Lea -      Ya me dirás lo que le parece.
 
Birma - Desde luego.
 
Lea -      Y en la próxima clase, veremos algún postre.
 
Birma - ¿En serio? Me encantan los dulces. ¿En qué has pensado?
 
Lea -      No lo tengo muy claro aún, pero creo que una mousse de chocolate.
 
Birma - Mousse au chocolat... me parece... de lo más erótico.
 
Lea -      ¿Erótico?
 
Birma - ¿No crees?
 
Lea -      Si quieres, podemos hacer otra cosa.
 
Birma - Es perfecto.
 
Lea -      Bueno...
 
Birma - ¿Nunca has pensado en dar clases de cocina?
 
Lea -      ¡No!
 
Birma - Se te da muy bien. Podría ser “cocina para torpes”.
 
Lea -      Ya.
 
Birma - Hay muchos estudiantes por ejemplo que no tienen ni idea de cocina pero que les encantaría aprender.
 
Lea -      ¿Tú crees?
 
Birma - Por lo menos, es lo que a mí me pasaba.
 
Lea -      Sí, decías la otra vez que habías hecho una carrera...
 
Birma - Sí. (Por la expresión de ella.) ¿No me crees?
 
Lea -      Sí, claro.
 
Birma - Lo de las clases no te ha parecido buena idea.
 
Lea -      No sé... No creo que se me dé bien enseñar.
 
Birma - Yo creo que sí, pero bueno, tú misma.
 
Lea -      ¿Quieres más café?
 
Birma - Un poco gracias.
 
(Lea le sirve. Birma toma un sorbo.)
 
Birma - Esta vez, no le has puesto regaliz.
 
Lea -      No...
 
(Birma lo huele.)
 
Birma - Hay un aroma de... naranja; ¿puede ser?
 
Lea -      ¡Bingo! Eres muy buena para los olores.
 
Birma - Me gustan. Me encanta olerlo todo.
 
Lea -      ¿Todo?
 
Birma - Todo.
 
(Se acerca a Lea.)
 
Lea -      (Algo violenta.) ¿Qué pasa?
 
Birma - (Acercándose más.) Estoy identificando tu olor.
 
Lea -      No llevo perfume.
 
Birma - Lo sé. Digo tu olor corporal.
 
Lea -      ...
 
Birma - Hay algo... no sé... ese olor a bebé; qué curioso.
 
Lea -      A veces, uso crema de bebé para el cuerpo.
 
Birma - Ah... Y yo, ¿a qué huelo?
 
Lea -      No sé.
 
Birma - Intenta adivinar.
 
(Lea se acerca a ella tímidamente; Birma se deja oler.)
 
Lea -      No... no logro identificar...
 
Birma - Magnolia. ¿No te gusta?
 
Lea -      Sí...
 
Birma - A mí, me encanta, es un olor cargado y ligero a la vez. Sólo lo hace un perfumero italiano que conocí.
 
Lea -      (Como si secretamente, le evocara todo un mundo de sensaciones.) Italiano...
 
Birma - Se lo encargo dos veces al año. Para los perfumes, sí que soy fiel.
 
Lea -      Ah.
 
Birma - Y tú, ¿eres fiel?
 
Lea -      ¿A los perfumes?
 
Birma - Por ejemplo.
 
Lea -      No; de hecho, no suelo usar.
 
Birma - Una pena.
 
Lea -      Puede ser... Voy a por un vaso de agua, ¿quieres?
 
Birma - No, gracias.
 
(Se levanta.)
 
Lea -      Ahora vuelvo.
 
Birma - No me muevo.
 
(Lea va a la cocina. Birma se levanta también y se pasea por el salón. Vuelve Lea con su vaso de agua.)
 
Birma - Y por las tardes, ¿qué sueles hacer?
 
Lea -      Depende...
 
Birma - ¿No te sientes sola?
 
Lea -      A veces. Pero me he acostumbrado.
 
Birma - A mí no me gusta acostumbrarme a lo que no me gusta.
 
Lea -      Me gusta leer. Y también voy a clases de pintura.
 
Birma - ¿Sí?
 
Lea -      Dos veces por semana.
 
Birma - Qué suerte; ¡me da una envidia la gente con talento!
 
Lea -      No he hablado de talento.
 
Birma - Eres demasiado modesta, Lea.
 
Lea -      Ya... ¿Seguro que no quieres agua?
 
Birma - ¿Quieres que me vaya?
 
Lea -      No he dicho eso.
 
Birma - Tienes razón; ya se está haciendo tarde.
 
Lea -      Quédate... si quieres.
 
Birma - Voy a aprovechar que hoy no he ido a trabajar para llegar a casa antes que Rod.
 
Lea -      Bueno...
 
(Se prepara para irse.)
 
Birma - Total, no vemos la semana que viene, ¿no?
 
Lea -      Sí, sí.
 
Birma - A la misma hora, ¿te viene bien?
 
Lea -      Sí.
 
(Van hacia la puerta.)
 
Birma - Muchas gracias por todo.
 
(Se dan un beso de despedida.)
 
Lea -      De nada; gracias a ti. Y que tengas una feliz semana.
 
Birma - Igualmente.
 
(Birma sale; Lea cierra la puerta; va hacia la mesa, de pronto ve que se ha dejado el papel donde ha apuntado la receta, corre hacia la puerta, la abre, grita.)
 
Lea -      ¡Birma!
 
Birma - (En off.) ¿Sí?
 
Lea -      Te has dejado el papel con la receta.
 
(Ruido de pasos rápidos; Birma aparece.)
 
Lea -      Ten.
 
Birma - (Cogiendo el papel.) De verdad, qué cabeza la mía. Al final, valgo para lo que valgo. Otro beso.
 
(Se dan otro beso de despedida.)
 
Birma - Ciao.
 
Lea -      Hasta luego.
 
(Birma sale de nuevo; Lea cierra la puerta...)